Aprovechando los días festivos decidimos volar para conocer un nuevo país, con diferentes costumbres y una cultura totalmente ajena a la europea: Marrakech fue el destino.
Lo primero que nos llamó la atención fue al intentar coger un taxi que nos acercara al hotel. En primer lugar no tenía taxímetro por lo que el precio había que negociarlo de antemano que teniendo en cuenta que allí se habla francés o árabe resultó algo complicado entendernos de primeras. Una vez subidos observamos atónitos que no tenían un sistema de circulación coherente, aquello era un caos : los coches iban hacia todas las direcciones sin importar si había raya continua o no, en las rotondas no se respetaba la prioridad del que estaba dentro, en las motos se veían hasta a 4 personas montadas, en la carretera se podía encontrar desde camiones hasta burros o incluso camellos...Eso sí, no presenciamos ni un solo choque y es que como bien nos dijo un guía: "el caos es un orden organizado".
Una vez acomodados comenzamos a patear la ciudad. Visitamos los sitios más turísticos ,aunque turistas más bien pocos. Lo más singular sin duda eran los zocos, un laberinto de estrechas callejuelas convertido en mercadillo donde el cliente podía encontrar de todo, aprovechando siempre el regateo. A no ser que tengas un gran sentido de la orientación salir de los zocos resulta una misión imposible sin la ayuda de un nativo.
La siguiente parada obligada es la plaza Jemm el Fnaa, la típica de película, con sus encantadores de cobras, los cuentacuentos, los vendedores ambulantes, los puestos de zumo de naranja...un lugar encantador y distinto a todo lo que había visto...De noche regresamos ya que aconsejan verla durante diferentes horas del día y , sin duda, era otra.
Ya no se apreciaban los puestos sino que se habían convertido en "restaurantes" donde se podía cenar las comidas típicas de Marruecos: brochetas , cous cous, gambas, kebaps... Lo que me sorprendió fue que en todas las cartas de restaurantes había algo llamado tajin, que no es más que un re
cipiente de cerámica que se utiliza para la preparación de estofados, normalmente de cordero o pollo, ya que como es bien sabido el cerdo esta prohibido.
Absténgase de la gastronomía de Marruecos al que no le guste la canela ya que es la especia que utilizan para casi todas las comidas.
Por último otro lugar a visitar es el jardín de la Menara( foto), un terreno lleno de olivos rodeando un precioso( aunque algo sucio) estanque. En la antigüedad era un lugar de descanso y de encuentros amorosos de los altos mandatarios de la ciudad.
Sin duda una ciudad que merece la pena visitar ya que desde que aterrizas hasta que despegas no deja de sorprenderte. Su cultura, su gente, sus costumbres, su comida, su clima ...otro mundo y tan cerquita!



me resultó muy emocionante escuchar hablar de nuevo de todo lo que estás contando. yo también estuve en Marruecos y doy fe de todo lo que has comentado (las 4 personas en una moto, el caos, las laberínticas callejuelas que parecen que no tienen salida, la comida, la cultura, los zocos...). no he tenido la suerte de visitar Marrakech en concreto, aunque me hubiese gustado mucho ir la vez que estuve. me han hablado exactamente igual de bien que tú de esa "mutable" plaza en la que, con la caída del sol, nada es lo que parecía. sin duda, me encantaría volver algún día a Marruecos y pasar por la ciudad.